Más de 60 personas, provenientes de India, Australia, Uruguay y Estados Unidos. 20 jóvenes por área, se reunieron con un mismo objetivo: diseñar un hábitat espacial completamente funcional.
En ese escenario internacional, que simula una empresa aeroespacial real, una estudiante de PrepaTec Metepec fue seleccionada para formar parte de la delegación mexicana en el International Space Settlement Design Competition (ISSDC).
“Es más que una competencia: es una ventana a lo que podría ser el futuro de la humanidad en el espacio”, relata Izel Victoria López Santiago, quien formó parte del torneo internacional celebrado en instalaciones de la NASA, en Houston, Texas.
Este concurso anual reta a estudiantes de todo el mundo a imaginar y planear el futuro de la humanidad fuera de la Tierra.

Fundado por Anita Gale, Dick Edwards y Rob Kolstad, este certamen cuenta con el respaldo de importantes organizaciones aeroespaciales, de ingeniería y educativas, incluida la NASA.
La competencia simula la experiencia real de trabajar en el equipo de propuestas de una empresa del sector aeroespacial.
Los grupos participantes, conocidos como “empresas”, deben diseñar una colonia espacial cumpliendo con todos los lineamientos de una solicitud de propuesta (Request for Proposal, RFP), enfrentándose a desafíos técnicos, creativos y de trabajo en equipo.
Su historia comenzó con una curiosidad
“Vi la convocatoria gracias a mi escuela, PrepaTec Metepec. Me inscribí con ganas de aprender sobre ingeniería espacial, y jamás imaginé que ese pequeño paso me llevaría tan lejos”, recuerda.
Fue la única representante de su campus. Y desde esa primera eliminatoria nacional, Izel comenzó lo que para ella fue un viaje transformador.
“Colaborar con jóvenes de tantos países es como ver el futuro frente a ti: idiomas distintos, culturas diferentes, pero un mismo sueño en común”, señala.

Durante la competencia conoció a una participante peruana con quien primero trabajó en línea y, más tarde, pudo colaborar en persona en Florida.
“Su forma de pensar, su pasión, su cultura, todo aportó a un equipo más fuerte y creativo. Ahí entendí que el ISSDC no es solo una competencia: es una oportunidad real de transformación”.
El amor por la ingeniería como motor
Izel eligió el área de estructuras. Su rol era técnico y creativo: en solo 48 horas, debía ayudar a diseñar un asentamiento espacial completo, desde cero.
“Aporté ideas, dibujos hechos a mano, cálculos, investigación. Aprendí que la rapidez no está peleada con la calidad si trabajas con determinación”.
Para ella, lo más valioso fue aprender a comunicar sus ideas, a colaborar con otros y a defender lo que sabía que podía funcionar.
“El verdadero trabajo en equipo sucede cuando escuchas y te adaptas, pero también cuando tienes el valor de sostener tu visión. En este tipo de retos, nadie puede hacerlo todo solo”, puntualiza.

Aunque hubo momentos difíciles, como las barreras del idioma o el cansancio, el motor que la mantuvo en pie fue su amor por la ingeniería.
“Ver mis ideas plasmadas en el proyecto final, saber que podrían sobrevivir en el espacio fue un sentimiento único”, expresa.
De un sueño escolar a una meta de vida
Izel agradece a PrepaTec Metepec por haberle mostrado este camino.
“Si no fuera por la difusión del SSDT, nunca habría conocido este mundo. Aquí aprendí que mis metas no son demasiado grandes. Me enseñaron a confiar en mí misma”.
Hoy tiene claro que quiere estudiar Ingeniería Mecánica y Aeroespacial. Le fascinan las máquinas, entender cómo se ensamblan y funcionan incluso cuando ya no hay gravedad.
“Quiero diseñar estructuras que puedan ir más allá de la Tierra y contribuir, con lo que sé, a la exploración espacial”.
“Quiero diseñar estructuras que puedan ir más allá de la Tierra”.

Izel recibió un reconocimiento por su participación en la competencia. Finalmente, a quienes sueñan con algo similar, les deja este mensaje:
“Que lo intenten. Que no se esperen a ‘saber más’ o a ‘sentirse listos’. Uno nunca está 100% preparado, y aún así puede lograr muchísimo. Siempre habrá quien sepa más, pero en vez de compararte, aprende, escucha, crece y comparte lo que aprendas”, expresa.
Lo más retador para Izel fue superar cada filtro para ser seleccionada. Lo más gratificante: haber llegado tan lejos.
“Competir en instalaciones de la NASA, saber que mi nombre está escrito en una propuesta espacial internacional me llena de orgullo. Si yo pude hacerlo, muchos más también pueden”, concluye.
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