Alejandro Ancer, estudiante de Ingeniería en Mecatrónica del Tecnológico de Monterrey campus Saltillo, desarrolló un dron capaz de detectar incendios forestales con el fin de cambiar la forma en que estos se previenen y monitorean.
De acuerdo con Roberto Rodríguez Said, asesor académico de este proyecto, Ancer fue el encargado de liderar un proyecto de base tecnológica que nació como una actividad de clase y evolucionó hasta convertirse en una propuesta con impacto ambiental, investigación aplicada y colaboración directa con la industria.
“Fallamos 7 veces… y aquí seguimos”, mencionó Alejandro Ancer al recordar los prototipos anteriores en los que trabajó durante el proyecto.
El desarrollo de este dron forma parte de una alianza con Green Tech Innovation (GTI), startup tecnológica que trabaja en soluciones de monitoreo satelital y prevención de incendios a gran escala.
Un proyecto que despegó desde cuarto semestre
De acuerdo con Ancer quién se apoyó de su hermano Diego, también estudiante de Ingeniería en Mecatrónica del Tec campus Saltillo, todo comenzó en cuarto semestre, cuando un reto académico planteó el desarrollo de un dron de ala fija.
"El inicio fue un prototipo rudimentario muy básico y lejos de lo que imaginábamos", admitió Alejandro y señaló que, este proyecto despertó un interés que no se detuvo al terminar el semestre.
A palabras de los hermanos Ancer, el proyecto ha atravesado por 8 iteraciones, cada una más compleja que la anterior, integrando diseño aeronáutico, manufactura avanzada, electrónica, simulación estructural y procesamiento de imágenes.
"Esta propuesta fue encontrando su propio rumbo y, en ese proceso, trabajar junto a mi hermano se volvió una pieza clave para continuar", señaló Alejandro.

Tecnología con propósito ambiental
El dron desarrollado por los hermanos Ancer es una aeronave de ala fija con despegue y aterrizaje vertical, diseñada para cubrir grandes extensiones con bajo consumo energético.
De acuerdo con los estudiantes, su objetivo es detectar incendios forestales en etapas tempranas.
Puntualizaron, que el dron está equipado con sistemas de visión y software de detección automática, el cual puede identificar patrones de fuego o conatos durante el vuelo y reportarlos de inmediato, permitiendo una respuesta oportuna antes de que el incendio se propague.
"Una vez que un incendio crece, combatirlo puede ser muy costoso y peligroso. La detección temprana lo cambia todo", explicó Roberto Rodríguez.
Aprender intentando una y otra vez
En palabras de Alejandro Ancer, el camino no ha sido sencillo, pues, junto a su hermano Diego, han enfrentado limitaciones presupuestales, errores de diseño, materiales que no funcionaron y prototipos que se estrellaron.
"Uno de nuestros prototipos al principio voló padrísimo y al entregarlo a GTI, explotó", recordó Alejandro entre risas.
Sin embargo, para Alejandro cada falla se ha convertido en aprendizaje, pues relató cómo él y su hermano Diego pasaron de diseñar con madera y foamy, a manufacturar de manera híbrida con impresión 3D y fibra de carbono, logrando reducir costos sin sacrificar funcionalidad.
"Es un proyecto con visión de mercado real. No es solo académico", destacó el profesor Roberto Rodríguez.
“Esta propuesta fue encontrando su propio rumbo y, en ese proceso, trabajar junto a mi hermano se volvió una pieza clave para continuar”. -Alejandro Ancer
Más que un dron, una lección de perseverancia
Para Diego Ancer, incorporarse al proyecto de su hermano Alejandro significó aprender desde la práctica al apoyar en la manufactura del prototipo, mientras que, para Alejandro este proyecto lo motivó y ayudó a re conectar con la ingeniería.
"Este proyecto me hizo entender todo lo que es la ingeniería. Cada prototipo duplicó mi conocimiento", afirmó Alejandro.
La propuesta desarrollada por los hermanos Ancer fue además la ganadora de la Expo Ingenierías en su edición de diciembre de 2025, un evento académico que se realiza al cierre de cada semestre y en el que estudiantes del Tecnológico de Monterrey presentan iniciativas que atienden problemáticas reales de la industria y la sociedad.
A palabras de los estudiantes, el mayor aprendizaje a lo largo de este reto no fue técnico, sino humano: "rodearse de las personas correctas, aceptar el error como parte del proceso y no rendirse", agregaron.
"Nunca rendirte. Algo tiene que funcionar eventualmente", concluyó Alejandro.
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