La internacionalista Shannon K. O’Neil -vicepresidenta y directora de estudios en el Council on Foreign Relations y la Maurice R. Greenberg chair- compartió en entrevista para CONECTA su opinión del panorama global actual y sobre la perspectiva de la regionalización.
De visita al Tec de Monterrey, la académica explicó cómo el nuevo liderazgo estadounidense, las tensiones geopolíticas, el regreso de políticas proteccionistas y de mercantilismo, inciden y reformulan las dinámicas internacionales.
“Nos encontramos en un momento muy difícil. Estamos en un momento en el que hay guerras en Rusia-Ucrania, Gaza-Israel, y amenazas de guerra en el mar de China y en otros lugares del mundo. Creo que son amenazas que no hemos visto en décadas.”, compartió.
“Veo un panorama en el que (como sociedad) podemos salir de esto mucho mejor, más fuertes, más prósperos, más sanos, más vivos (...), pero también veo un camino hacia delante que puede ser mucho más difícil para más gente en el mundo”, añadió.
Ante un devenir caracterizado por la incertidumbre y el cambio, O’Neil explicó las tendencias de la regionalización, el nearshoring, el rol de la educación superior, entre otros.

¿Globalización o regionalización? El "nuevo" panorama global
De acuerdo con O’Neil, el periodo entre 1980 al presente es lo que a menudo es referido como la era de la globalización, definida por hitos como la entrada de China en la economía mundial, a la par de la creación de las cadenas de suministro globales.
No obstante, la académica explicó que a pesar de que existe una percepción de alta apertura alrededor de estos años, particularmente en el tema de los mercados internacionales y la información, esta idea no es necesariamente una realidad.
“Si nos fijamos en los últimos 40 años, hay dos áreas que malentendemos. Una es que no todos los países participaron en la globalización. Y la otra, es que cuando el comercio aumentó, la mayor parte no fue con el otro lado del mundo, sino con países cercanos”, indicó.
“Realmente, solo hay unos 25 países que buscaron que el comercio (exterior) se convirtiera en una parte significativa de sus economías, México siendo uno de ellos. Esto nos deja con regiones, y sus socios, dominando el comercio”, aclaró.
De este modo, la analista identificó la existencia de una región europea, una norteamericana (México, Estados Unidos y Canadá) y una asiática, misma que cada vez se encuentra más centrada en China.
“Hoy, cuando hablamos de geopolítica y política industrial, así como de los enormes cambios en la economía mundial, todo esto sucede en un mundo que es muy regional en términos de sus intercambios y comercio globales entre países”, explicó.
Siendo así, la especialista aclaró que los cambios en las cadenas de suministro regionales no se deben únicamente a las fuerzas del mercado, sino que están altamente influidos por factores geopolíticos y el cambio en los modelos de diplomacia.

Estados Unidos y el regreso de la perspectiva mercantilista
Estos cambios en la manera de interactuar entre agentes internacionales, expresó O’Neil, son perceptibles de manera más notable bajo la actual administración del presidente Donald Trump en Estados Unidos, así como a través de actores como China.
“A pesar de que solo llevamos alrededor de cuatro semanas (con la administración de Trump), a medida que vemos la forma en que su política internacional y económica se están moldeando, vemos a alguien que se centra en poder, no en principios”, dijo.
“Vemos a un presidente que no tiene verdaderos amigos, pero tampoco verdaderos enemigos. Trump no va a confiar en relaciones previas con otros países, realmente va a depender del día a día y el poder que está involucrado”, subrayó.
Para O'Neil, esto implica a su vez no centrarse en instituciones internacionales como la Organización Mundial de Comercio (OMC) o en acuerdos comerciales, como el T-MEC, ya que se distingue por ser un enfoque que se limita a los EU, sus áreas de influencia e intereses.
“Se ve a un presidente que no se centra tanto en el capitalismo y la apertura de mercados, sino en viejas teorías como el mercantilismo, que nos dice que existe una cantidad determinada de riqueza en el mundo y debemos acumular la mayor cantidad posible”, explicó.
“Por eso estaremos viendo mucha coerción, coerción económica, buscando que Estados Unidos se beneficie más, al menos durante los siguientes años (...) hasta el momento lo hemos visto con las amenazas de aranceles sobre el acero y el aluminio, me parece que eso continuará”., indicó.
Para O’Neil, esta perspectiva mercantilista también se ha reflejado en cuestiones como el interés de la administración de Trump en tomar posesión de Groenlandia, recuperar el Canal de Panamá, e incluso anexar a Canadá como un estado más.

México y América Latina: oportunidades dentro de la incertidumbre
De acuerdo con O’Neil, el enfoque de mercantilismo “moderno” adoptado por los Estados Unidos, si bien se posiciona como un impedimento al esquema ideal de cooperación internacional, no es necesariamente negativo para México.
“Para países como México, este esquema actualmente favorece al país debido a que existe un superávit comercial de México con Estados Unidos”, indicó la investigadora sobre los efectos en el corto y mediano plazo.
Por otro lado, la experta señaló que si bien una cantidad importante de países en América Latina tienen tratados de libre comercio con EU, la volatilidad del actor norteamericano no asegura que estos se vayan a mantener igual.
“Definitivamente hay ‘amigos’ (países) que se están uniendo en otras partes del mundo, formando acuerdos de libre comercio y otros tipos de vínculos”, comentó O’Neil con respecto a la estadía de tendencias como el friendshoring o el allyshoring.
“Creo que la verdadera pregunta en el contexto del friendshoring o allyshoring es, ¿dónde cabe Estados Unidos? Y también reflexionar sobre si Estados Unidos ¿tiene amigos en el comercio? ¿siquiera le interesa?”, argumentó.
Aunada a esta preocupación, el tema de fuga de cerebros también se antepone como una problemática dentro de la región con el reto de encontrar mecanismos de retención de la fuerza laboral profesional.
En el corto plazo, que no parece privilegiar estrategias como el nearshoring, la académica explicó que cuestiones como la especialización y la diversificación de los mercados latinoamericanos pudieran fungir como una estrategia efectiva ante la incertidumbre.
“En este caso se puede tomar como ejemplo la estrategia de China, quien actualmente tiene mayor comercio con el Sudeste Asiático que con Estados Unidos o Europa. También ha implementado un modelo de circulación de cerebros bastante exitoso”, recalcó.

El rol de las tecnologías emergentes
Si bien la tecnología y las herramientas tecnológicas emergentes están remodelando el panorama laboral y social de manera profunda, O'Neil expresó una visión “tecno-optimista” ante el devenir con algunas advertencias clave.
“A medida que nos adentramos en un mundo cada vez más tecnologizado, con deep fakes y otras tecnologías de ese tipo, se volverá más difícil saber qué es verdadero y que no”, explicó.
“El expertise y la consideración de análisis toma de decisiones informadas van a ser vitales para que los ciudadanos de todos los países puedan experimentar una vida más próspera, pero también que estén más abiertos a todo tipo de opiniones”, agregó.
Por otro lado, la académica compartió -durante su entrevista para CONECTA- cómo la tecnología también continuará trayendo cambios en términos de comercio internacional conforme existan más herramientas para la interacción virtual.
“La tecnología va a transformar a las industrias. Si hace 30 años fue la globalización de las mercancías, los próximos 30 años va a ser la globalización de los servicios, tal vez incluso en los próximos 10 años”, reflexionó.
Similarmente, la especialista señaló cómo si bien el panorama tendrá cambios positivos, es imprescindible recordar los costos ambientales y sociales que estos avances tecnológicos implican.
“Hemos hablado de los aspectos positivos de la tecnología, pero también hay que considerar el desplazamiento de cientos de millones de personas de sus carreras, hay que considerar cómo las economías van a cambiar, el medio ambiente”, remarcó.
“Y puede que estos cambios sean para bien en el largo plazo, pero la gente se pierde en el proceso”, puntualizó.
Educación y humanidad como motores para transformar el futuro
Finalmente, O’Neil reconoció como la educación superior y el papel de las universidades como actores de formación y vinculación son fundamentales para configurar sociedades democráticas y fomentar un crecimiento económico integrador.
“Si se puede brindar una educación superior más amplia, abierta e inclusiva, que incluya muchas ideas, entonces es menos probable que se produzca una reacción tan extrema contra los cambios sociales”, compartió en entrevista con CONECTA.
De esta forma, O’Neil explicó que un entorno educativo diverso puede mitigar los riesgos del extremismo y el autoritarismo, tendencias que a pesar de que no son dominantes si aparentan ir en crecimiento.
“¿Dónde se aprende sobre democracia y autocracia? ¿Dónde aprendes economía básica para saber si los aranceles son buenos o malos para tu país? Las universidades son imprescindibles en la formación de ciudadanos”, explicó.
Por otro lado, la internacionalista destacó que la integración de la tecnología en la educación está cambiando la forma en que las universidades preparan a los estudiantes en cuanto a competencias relevantes para el futuro.
O'Neil señala que, aunque los avances tecnológicos pueden mejorar el rendimiento laboral, los aspectos humanos, como las habilidades sociales y emocionales, siguen siendo insustituibles y, por ende, deben ser el principal enfoque.
“Todo lo que es singularmente humano o lo que nosotros, como personas, podemos aportar a un lugar de trabajo es irremplazable. Claro que es importante saber cómo utilizar la IA y otras tecnologías pero no hay que dejar de lado lo que nos hace únicos”, puntualizó.
“Eso, equilibrio, enfoque en la educación superior y en brindar más educación para más personas en todos los países y en todo el mundo, así es como llegamos al mejor escenario posible”, concluyó.
¿Quién es Shannon K. O’Neil?
Shannon K. O’Neil es vicepresidenta de Estudios e investigadora senior “Nelson and David Rockefeller” de Estudios Latinoamericanos en el Consejo de Relaciones Exteriores.
Es reconocida experta en democracia, comercio global, cadenas de suministro, México y América Latina.
Autora de El mito de la globalización: por qué las regiones importan (Yale University Press, 2022), que analiza el surgimiento de los tres principales centros mundiales de fabricación y cadenas de suministro y su impacto en la competitividad económica de Estados Unidos.
Ha vivido y trabajado en México y Argentina, fue becaria Fulbright y becaria de Justicia, Bienestar y Economía en la Universidad de Harvard, además de enseñar Política Latinoamericana en la Universidad de Columbia.
Reunión de Consejeros 2025
Del 16 al 18 de febrero, se llevó a cabo en el campus Monterrey la Reunión de Consejeros 2025: “Rumbo al 2030: Educación que transforma realidades”.
Durante esta reunión, el Tec busca analizar con sus más de 600 consejeros los retos de la institución y es también un espacio de intercambio de ideas con ponencias de invitados nacionales e internacionales.
Previo a esta reunión se llevó a cabo la Asamblea Anual Ordinaria de Asociados, donde se revisaron los resultados y avances del 2024.
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